Europa se encuentra en un encrucijada histórica que exige una reforma de las estructuras legislativas de Bruselas. La UE necesita una renovación institucional basada en una legislación coherente, proporcionada, eficiente y basada en principios. Una mejor regulación no significa más regulación, sino una regulación más inteligente. Solo si Europa se vuelve más flexible en términos de regulación, podrá reaccionar a tiempo a los nuevos desarrollos tecnológicos.
La historia de Europa está llena de innovaciones: energía de vapor, electricidad o automóviles. El progreso tecnológico era muy a menudo también progreso político. ¿Qué sucede ahora? Hoy en día, Europa está atrasada digitalmente. La antigua locomotora de la innovación se ha convertido en una potencia de segundo nivel, una suerte de colonia digital que consume productos de terceros.
En efecto, Europa utiliza tecnologías que no desarrolla ni controla por sí misma. Nuestros datos fluyen a través de las infraestructuras estadounidenses en la nube, nuestra comunicación se ejecuta a través de chips asiáticos y nuestra identidad digital está definida por corporaciones cuya comprensión de la democracia es radicalmente distinta de las bases constitucionales de la Unión.
La metáfora de Europa como colonia digital no es una licencia del lenguaje, sino simplemente una descripción de la situación actual. En lugar de soberanía estratégica, prevalece el recurso a la regulación. La UE ya ha promulgado más de 100 leyes digitales. ¿Cuál es el resultado? Un mosaico de normas, cada vez peor articulado, cuyo cumplimiento ahoga a nuestras pequeñas y medianas empresas en particular, y que dificulta que prosperen nuestras startups.
La Unión Europea carece de una clara visión digital. Se necesita con urgencia una visión digital amplia y común que se extienda a todas las partes interesadas, a todos los niveles y a todos los Estados miembros de la UE. ¿Cómo debería llevarse a cabo? La UE ya no puede contentarse con políticas reactivas. Ciertamente, en los últimos años, Europa se ha hecho un nombre a nivel mundial con un gran número de nuevas leyes digitales, desde la protección de datos hasta la regulación de plataformas y los sistemas de IA. Pero la regulación por sí sola no trae el liderazgo tecnológico. Es necesaria una buena regulación, pero esta no es suficiente para impulsar la innovación.
Sin unos campeones digitales europeos, sin nuestros propios ecosistemas tecnológicos, sin nuestra propia base industrial, la UE corre el riesgo de convertirse en un regulador sin influencia. Aquí es exactamente donde entra en juego la “vía europea”: no se trata tanto de promulgar reglas jurídicas, sino sobre todo de crear una verdadera capacidad estratégica para actuar en el mundo.
“Sin unos campeones digitales europeos, sin nuestros propios ecosistemas tecnológicos, sin nuestra propia base industrial, la UE corre el riesgo de convertirse en un regulador sin influencia“
Para rectificar el actual rumbo, muchas voces venimos reclamando una decidida política de industria digital. Durante décadas, la UE ha invertido muy poco en sus propias infraestructuras digitales. Esto nos está pasando factura ahora, cuando casi toda la base de la creación de valor digital está controlada por proveedores no europeos. Una política industrial digital europea debe empezar por reforzar específicamente las áreas estratégicas clave: la computación cuántica, la inteligencia artificial, la nube, las plataformas de datos resilientes y los sistemas de ciberseguridad y defensa digital.
A mi juicio, el objetivo no puede ser la autosuficiencia en todas partes, sino construir alternativas independientes en ámbitos cruciales que hagan que Europa sea capaz de recuperar su soberanía estratégica. Esta es la única manera de evitar que Europa caiga en un estado de shock con cada conflicto geopolítico o con cada invento disruptivo.
Además, considero apremiante completar el mercado único digital. Las barreras nacionales, la fragmentación de los mercados y la falta de movimientos de capital siguen ralentizando enormemente a las empresas europeas. No tanto la regulación. Por eso, Europa debe trabajar para avanzar en la unión de los mercados de capitales, eliminar los obstáculos regulatorios y ampliar el uso estratégico de la contratación pública. Sin estas medidas, Europa seguirá a la zaga de Estados Unidos y China.
Del mismo modo, las startups y las pymes, que suponen la columna vertebral de la economía europea, necesitan oportunidades de crecimiento y de escalabilidad. Es significativo que muchos talentos y emprendedores tecnológicos europeos estén emigrando porque encuentran mejores condiciones en otras regiones. Si Europa no toma contramedidas, no solo perderá su influencia económica, sino también la confianza de la próxima generación de ciudadanos.
Por lo tanto, es urgente una reforma de las estructuras legislativas de Bruselas. Europa necesita una renovación institucional basada en una legislación coherente, proporcionada, eficiente y basada en principios. Una mejor regulación no significa más regulación, sino una regulación más inteligente. Solo si Europa se vuelve más flexible en términos de regulación, podrá reaccionar a tiempo a los nuevos desarrollos tecnológicos. Europa se encuentra en una encrucijada histórica.
La revolución digital ya no es un tema del futuro, sino del presente. Estados Unidos y China están muy por delante en muchas áreas. Pero Europa tiene la oportunidad de formular su propia respuesta, basada en valores, frente al laissez faire norteamericano o el estatalismo chino.
Estoy profundamente convencido de que la “vía europea” no es solo un proyecto técnico, sino un proyecto social. Significa pensar juntos en la democracia, la sostenibilidad, los derechos humanos y la fortaleza económica y traducirlos en políticas concretas. Se trata de que Europa no solo siga adelante, sino que contribuya decisivamente a dar forma al presente y futuro. El liderazgo no se pierde, se reconquista con acción, visión y determinación. Fuente: Computerworld

