La Unión Europea mantiene una apuesta firme por la digitalización a todos los niveles, también en el sector público. En un escenario tan variado como el compuesto por los 27 países que la conforman, hay retos específicos que se deben enfrentar.
La preocupación por la transformación digital en la Unión Europea se ha plasmado en diversas iniciativas, directivas y planes a través de los años. En concreto, en la actualidad, los 27 mantienen varios ámbitos de trabajo activos: desde la defensa del reconocimiento de los derechos y principios digitales hasta las previsiones en materia de economía de datos, inteligencia artificial, ciberseguridad, conectividad o fiscalidad y justicia, gran parte de estos proyectos impactan directamente en el sector público.
Esto se ve claramente en el actual programa europeo para su modernización, el Itinerario hacia la Década Digital para 2030. Adoptado en diciembre de 2022, contempla los objetivos en esta materia de la UE con trayectorias a escala, de tal modo que cada país miembro prepare su propia hoja de ruta hasta su revisión, prevista en 2026. Yendo en concreto al sector público, se propone conseguir que toda la ciudadanía y las empresas puedan acceder a servicios de este tipo en 2030, partiendo de un 75% en 2020 en el caso de la población y un 84% entre organizaciones. Otro objetivo: que toda persona en la UE tenga historial médico electrónico.
La digitalización de la UE, en datos
Cuando se trata de analizar el estado de la digitalización en Europa, sea en Administración pública o en otros ámbitos, hay un gran referente: el DESI o Índice de la Economía y la Sociedad Digitales, integrado desde 2023 en el informe anual de la Comisión sobre el estado de la Década Digital. La edición de 2024 de este Índice habla de un avance, pero aún fragmentado: para el acceso de la ciudadanía a servicios públicos digitales, la media europea está en el 79,4%. Si bien hay países como Malta con el 100% o Estonia y Luxemburgo, con alrededor del 95%, Rumanía aún está lejos, con 52 puntos sobre 100. En el caso de servicios públicos para empresas, la media es ligeramente superior, un 85,4%; tres países (Finlandia, Irlanda y Malta) presumen de haber logrado al 100% esta transición. Rumanía repite como la última, con un 50%. Pero también conviene poner en contexto estos datos: los tres países con mayor índica de cada parámetro tienen menos población juntos que solo el último. Los territorios con más habitantes, como Italia, Francia o Alemania, se sitúan en la mitad baja de la tabla. ¿La excepción? España.
“El estado general de la digitalización de las administraciones públicas en la UE es mixto”, valora Héctor Rosales, director gerente para el sector público en Accenture. “Mientras que algunos países han alcanzado niveles avanzados y ofrecen servicios digitales de alta calidad, otros están aún en proceso de transformación y enfrentan desafíos significativos. Estas diferencias reflejan no solo la diversidad económica y cultural de la UE, sino también la necesidad de seguir impulsando iniciativas que promuevan la armonización y la inclusión digital en todo el bloque”. Rosales recuerda que hay que tener en cuenta el punto de partida, poniendo como ejemplo el caso de Estonia: con un gran nivel de digitalización de los servicios públicos, partía de una infraestructura casi inexistente, por lo que se diseñó de base conforme a estas necesidades. “Resulta mucho más complicado transformar cuando la herencia de estos servicios está basada en sistemas de información antiguos, que reproducen silos competenciales y problemas en el acceso a los datos”.
“Estas diferencias reflejan no solo la diversidad económica y cultural de la UE, sino también la necesidad de seguir impulsando iniciativas que promuevan la armonización y la inclusión digital en todo el bloque” Héctor Rosales (Accenture)
También hay que tener en cuenta otros factores, como apunta David Redoli. El profesor del Máster en Marketing, Comunicación y Consultoría Política en ESIC Business & Marketing School añade desde el propio tamaño del sector público en cada país a las “resistencias culturales” que puedan existir a la innovación entre la ciudadanía. En relación a esto último, resulta de interés consultar las últimas estadísticas hechas públicas por Eurostat sobre el uso de la administración y la identificación electrónica en la UE. Un 70% del conjunto de la población dice haber utilizado servicios públicos online en 2024; 2,5 puntos porcentuales más que en 2022. Dinamarca se sitúa en cabeza, con un 98,5% de la población, seguida de Holanda con el 96% y Finlandia, con un 95,3%. Por la parte baja, en Rumanía apenas una de cada cuatro personas utilizó estos servicios. En Bulgaria, el porcentaje es del 31,7%; ambos países han mejorado en cinco puntos porcentuales en dos años. Los siguientes países son Italia, con un 55%, y Alemania, con un 60,3%. Aún con estos datos, conviene valorar que “es muy difícil hablar de ciudadanía en su conjunto, porque hay que estratificar por capa de edad”, señala Redoli, ejemplificando el caso de países nórdicos, como Dinamarca o Finlandia, donde se hicieron campañas específicas por grupos de edad. “Sabían que la resistencia no sola misma es una persona de 70 años que de una de 20”.
“Se evidencia una mejora general en las competencias digitales de la ciudadanía europea, lo que ha facilitado el uso de recursos online proporcionados por la administración electrónica”, continúa Rosales, quien incide en la necesidad de reforzar las iniciativas de formación y enfrentar las brechas por sectores y regiones para “aprovechar al máximo el potencial de la digitalización”. “Pero hay otras brechas que reducir, como la del entendimiento de la jerga administrativa, que está afectando más a jóvenes. Y aquí las nuevas tecnologías como GenAI pueden ayudar”, añade. Reconoce la importancia de proyectos conjuntos de la UE, desde el Marco Europeo de Interoperabilidad y la normativa eIDAS hasta iniciativas de transformación digital como el Programa Europa Digital y Gaia-X o el espacio de datos de salud europeo. “Demuestran un esfuerzo por armonizar y elevar los estándares de digitalización en la Administración pública”.
Contexto tecnológico
Más allá de la digitalización del propio sector público, conviene tener en cuenta otros factores cuando se habla de modernización en la UE. “Es una zona puntera en el mundo en el tema de transformación digital, pero con un enorme talón de Aquiles”, incide Redoli: “Las grandes empresas tecnológicas no son europeas”. El profesor del ESIC recuerda que, en cualquier proceso de este tipo, los centros de datos resultan clave, y actualmente pertenecen en su mayoría a hiperescalares norteamericanos. “Se hacen inversiones, se promueven iniciativas, pero no acaba de surgir una gran empresa europea que sea un equivalente a un Microsoft o a un Apple”.
Esta constituye una de las demandas del informe Draghi, en el que se recuerda que el “fracaso de Europa” en sumarse a la primera revolución digital en los 90 es el origen de que el nivel de productividad de la UE difiera del de Estados Unidos. En el documento se alerta también del riesgo de quedarse atrás en las “tecnologías digitales innovadoras que impulsarán el crecimiento en el futuro”, y llama a no renunciar a posicionarse para, entre otras razones, mantener una presencia propia en áreas donde se requiere soberanía tecnológica, como la seguridad y el cifrado, ambas características esenciales cuando se habla de digitalización del sector público. Rosales resalta la apuesta de la UE por tecnologías como el cloud computing, la inteligencia artificial, el análisis de big data, la ciberseguridad y las API abiertas, que “está remodelando la forma en que se gestionan y prestan los servicios públicos. Estas iniciativas no solo permiten mejorar la eficiencia y la transparencia en la administración, sino que también se orientan a ofrecer soluciones más seguras, rápidas y accesibles a los ciudadanos en todo el territorio europeo”.
“Dónde está nuestra gran ventaja? Las energías renovables que hay ya implantadas sobre todo en el sur de Europa, y que son fundamentales para la transformación digital. Sin energía no hay transformación digital” David Redoli (ESIC)
“¿Dónde está nuestra gran ventaja?”, añade Redoli. “Las energías renovables que hay ya implantadas sobre todo en el sur de Europa, y que son fundamentales para la transformación digital. Sin energía no hay transformación digital”, sintetiza. Generar energía barata es clave para mantener centros de datos y otros sistemas, por ejemplo para el desarrollo de la IA, recuerda. “No olvidemos que transformación digital y transición energética van de la mano”.
Fuente: Computerworld

